Robert Louis Stevenson y La Isla del Tesoro (parte I): Los Orígenes.

De cómo nació uno de los pilares de la literatura de aventuras y su personaje más importante

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La Isla del Tesoro tal y como aparecía en el libro original

Como la de otros clásicos de la literatura, nuestra historia comienza, en el mes de agosto de 1881, con un día de mal tiempo en Braemar, en el valle del Dee, Escocia. La lluvia y el viento azotaban las ventanas de la casita de campode la señorita McGregor, una amiga de la familia, y en su interior se resguardaban de las inclemencias de ese tiempo, junto al fuego del hogar, cinco personas: el escritor Robert Louis Stevenson (que a sus 30 años ya era algo conocido por obras como El Extraño Caso del Dr Jeckyll y Mr Hyde, o la posterior El Señor de Ballantrae, aunque su fama no había llegado aún a sus cotas más altas, para eso habría que esperar un par de años todavía como veremos un poco más adelante), su esposa americana, Fanny, con la que había contraído nupcias un poco antes; Lloyd Osbourne, el hijo de 12 años de ella; y los señores Stevenson, padres de nuestro escritor, con los que se había reconciliado un poco antes, a su regreso de una temporada de aventuras, pero también de enfermedad y pobreza, en los Estados Unidos.

El joven Lloyd llevaba tranquilamente pintando con acuarelas toda la tarde, cuando Stephenson se le unió; y juntos dibujaron y pintaron el mapa de una isla, poniendo nombres a sus accidentes geográficos (Skeleton Island, Spyglass Hill,…), tres cruces rojas marcando otras tantas localizaciones, y el nombre Treasure Island (Isla del Tesoro) en la parte superior del mapa. A partir del mapa, el autor decidió ir escribiendo la historia de ese lugar para amenizar las vacaciones. Como escribiría después en su último año de vida, los nombres y detalles de los personajes se le fueron viniendo a la cabeza mientras miraba el mapa concienzudamente: sería una historia sobre bucaneros, un motín a bordo de una goleta, un viejo caballero inglés llamado Trelawney, y un marino cocinero con una sola pierna; y, por supuesto, una canción marinera con un coro que dijera. “¡Yojo-jó y una botella de ron!”.

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Primer capítulo de La Isla del Tesoro en la revista Young Folks

A lo largo de 15 días comprendidos entre los meses de agosto y septiembre, y a capítulo por día, vio la luz el inicio de una historia que iba a leyendo diariamente para disfrute de casi todos los presentes (parece ser que a Fanny no le interesaba tanto como al resto). La narración fue ideada como historia para niños, ya que estaba pensando sobre todo en hacerla para Lloyd, sin necesidad de artificios literarios ni demasaida psicología en los personajes; y, a petición del propio Lloyd, sin demasiados personajes femeninos. También contó con los comentarios y asesoramiento de su padre, que le aportaría detalles como la escena del barril de manzanas, el nombre de la Walrus, el barco del capitán Flint, o el contenido del cofre de Billy Bones.

Pero en algún momento, el escritor perdió la inspiración, y después su enfermedad (tuberculosis) le obligó a abandonar Escocia e irse a Suiza una temporada. Allí, parece que la mejora en su salud sirvió para incentivar su imaginación de nuevo, y consiguió continuar las aventuras de sus personajes y luego terminar el relato. De vuelta en Londres, gracias a sus contactos pudo publicar su historia a modo de serial en la revista para niños Young Folks. Los capítulos aparecieron entre 1881 y 1882 bajo el título de “Treasure Island, or the Mutiny of the Hispaniola” (La Isla del Tesoro, o el Motín de la Hispaniola), bajo el pseudónimo de Captain George North. Un año después, el 23 de mayo de 1883, fue publicado como libro debido a su éxito.

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Primera edición americana de La Isla del Tesoro

A pesar de que originariamente se publicase en una revista considerada infantil, y tal y como ya había sucedido antes con obras como Robinson Crusoe, o Alicia en el País de las Maravillas, fue disfrutada tanto por niños como por adultos: el Primer Ministro Gladstone, y otras personalidades de la época, escribieron grandes elogios a la obra, que fue la que terminó encumbrando y dando fama y dinero a Stevenson.

Long John Silver, o el nacimiento de una leyenda literaria y de la piratería

La Isla del Tesoro fue considerada originariamente una historia de paso a la edad adulta, importante por su atmósfera, persoanjes y acción; pero también por su árido comentario sobre la ambigüedad moral, -algo totalmente inusual hasta entonces en la literatura infantil, que era enormemente moralizante-, y que en la historia se ve representada en la figura de Long John Silver, quizá el pesonaje más conocido de la obra, y que ha servido para cimetar la imagen que se tiene actualmente de los piratas. En realidad, buena parte de la imaginería que es conocida por todos sobre los piratas y su mundo se lo debemos a esta obra: los mapas del tesoro marcados con una X, las goletas como barcos pirata, el Punto Negro (o Marca Negra, según traducciones, “Black Spot” en el original en inglés), las islas perdidas tropicales, y, por supuesto, los marinos con una sola pierna llevando loros sobre el hombro.

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W.E. Henley, el Long John Silver de la vida real

Long John Silver, a su vez, no nació de la nada, sino que Stevenson lo basó en un buen amigo suyo, el escritor y poeta William Ernest Henley (conocido sobre todo por su poema Invictus), al que admiraba enormemente y al que, según las propias palabras del autor, despojó de todas sus buenas cualidades, dejándolo solo con su fuerza, su valentía, su rapidez, y su magnífica genialidad, e intentando expresarlo todo de la manera más cruda.

Henley fue descrito por el propio Lloyd Osbourne en su momento como “un gran, brillante hombre de hombros masivos con una gran barba pelirroja y una muleta; jovial, increíblemente inteligente, y con unas risa que salía de él como si fuera música. Nunca habrá otro como William Ernest Henley: tenía un inimaginable fuego y vitalidad; era capaz de arrancarte de tus propios pies”. Era el hijo de un librero de Gloucester y contrajo artritis tuberculosa de niño, lo que le dejó lisiado y llevó a que le amputasen un pie. Viajó a Edimburgo para ver al eminente profesor Lister sobre su enfermedad, y estando allí conoció a Stevenson. Y aunque no fuese un escritor de gran talento, se convirtió en editor de éxito de varias revistas y antologías literarias. Stephenson incluso le escribiría para hablarle precisamente, una vez terminada la obra, de que era a él a quién había tomado como modelo e inspiración a la hora de crear al personaje, debido a la admiración que sentía por su persona y fortaleza.

No os perdáis el próximo artículo de la serie, donde se tratará la repercusión de La Isla del Tesoro en la literatura, el teatro y el cine.

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2 comentarios en “Robert Louis Stevenson y La Isla del Tesoro (parte I): Los Orígenes.

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